Savasana, también llamada Mrtasana, se traduce como «postura del cadáver». Se practica tumbado boca arriba, brazos y piernas ligeramente separados, palmas hacia arriba, ojos cerrados. Aparentemente no hay nada más simple. Sin embargo, la Hatha Yoga Pradipika la describe como la postura que «destruye la fatiga» y «reposa la mente».
La dificultad de Savasana no es física, sino mental. Consiste en permanecer consciente sin moverse, sin dormir, sin perseguir pensamientos. Es una práctica de yoga nidra, el «sueño yoguico», un estado de consciencia entre la vigilia y el sueño donde el cuerpo descansa profundamente mientras la mente permanece presente.
Fisiológicamente, Savasana activa el sistema nervioso parasimpático, responsable de la respuesta de relajación y recuperación. Reduce la frecuencia cardíaca, disminuye la presión arterial y los niveles de cortisol. Es el momento en que el cuerpo asimila e integra todo el trabajo realizado durante la práctica.
En una cultura que valora el hacer, tumbarse y no hacer nada puede parecer una pérdida de tiempo. Pero el yoga nos enseña que el descanso consciente no es lo contrario del esfuerzo, sino su complemento. Sin Savasana, la práctica queda incompleta. Es el espacio donde lo trabajado se integra, donde el cuerpo y la mente se reconcilian.
«Lo demás está en ti.»
— Emilio


